Su belleza volvió a aparecer ante mis ojos, como un autentico regalo que desapareció en segundos; se acercó a mi y con un poco de temor en mi cuerpo y con un impulso tan humano como es el temblor, murmuró:
"Ahora qué sé que existes y que has sabido amarme y odiarme, desearme y desterrarme, que has estado cerca de mi en estos malos momentos, sé que te quiero y ya podemos descansar ambos, me marcho..."
Se alejó en silencio, pero fui incapaz de mover un dedo, se marchó, no dejó nada de ella en ningún rincón y descubrí que quien ansiaba volver a sonreír era yo mismo.
Nostalgia, ¿cuando regresarás? extraño los latidos de tu dulce corazón.
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