Tu parecías un ingenuo, un niño pequeño deseando crecer para decirme que yo era la ingenua y créeme L ¡Siempre lo has hecho! eras la persona que me baja de las nubes terribles que se asomaban a mi ventana y yo me quería ir con ellas...
¡Hermoso! tú sabías quién era, cómo soy y las palabras necesarias para hacerme sonreír y volverme loca, enfadarme y secarme las lágrimas cuando lo necesitaba...
¿Recuerdas cuando te dije que quería verte todos los días porque sabía que algún día no nos volveríamos a ver? recuerdo esa pregunta, recuerdo el movimiento de tu cabeza y la mirada que me echaste de que, de nuevo, había cometido una locura diciendo aquellas palabras, que hoy, son mi pan y mis lágrimas, mi paño sin consuelo, y mi sal en el vaso de agua que lleno para intentar sobrevivir a la distancia y a la pena que me ata...
Te fuiste, sin poder mirarte a los ojos, disculparme por el daño que te hubiese causado, sin poder recordarte lo importante que eras, eres y serás para mí; mi amigo, MI MEJOR AMIGO, el niño de mis ojos, por el que mataría y daría mi vida, a una de las tres personas que más quiero en este mundo...
Te quiero amigo mio y lo haré siempre, esta vez; te esperaré en un castillo que he creado poco a poco, día tras día, muro a muro, y que nadie demolerá; ya me he preocupado en construirlo con lo que siempre tuve que hacerlo; con la verdad, mi verdad y tú verdad...
Te extraño
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