sábado 9 de abril de 2011

la verdad en mis hojas

Esto es de verdad, sin ninguna mentira que decirte, sin nada que ocultarte... Puede que yo quisiera que tu fueses tan feliz que el alma se saliera de tu pecho y la gente lo viera por cada poro de tu piel, que construyera ese hermoso castillo de arena que construía cada día con mis dos manos y que demolieron con dos manos, sin compasión y sin mirar en el daño que nos harían...

Tu parecías un ingenuo, un niño pequeño deseando crecer para decirme que yo era la ingenua y créeme L ¡Siempre lo has hecho! eras la persona que me baja de las nubes terribles que se asomaban a mi ventana y yo me quería ir con ellas...

¡Hermoso! tú sabías quién era, cómo soy y las palabras necesarias para hacerme sonreír y volverme loca, enfadarme y secarme las lágrimas cuando lo necesitaba...

¿Recuerdas cuando te dije que quería verte todos los días porque sabía que algún día no nos volveríamos a ver? recuerdo esa pregunta, recuerdo el movimiento de tu cabeza y la mirada que me echaste de que, de nuevo, había cometido una locura diciendo aquellas palabras, que hoy, son mi pan y mis lágrimas, mi paño sin consuelo, y mi sal en el vaso de agua que lleno para intentar sobrevivir a la distancia y a la pena que me ata...

Te fuiste, sin poder mirarte a los ojos, disculparme por el daño que te hubiese causado, sin poder recordarte lo importante que eras, eres y serás para mí; mi amigo, MI MEJOR AMIGO, el niño de mis ojos, por el que mataría y daría mi vida, a una de las tres personas que más quiero en este mundo...

Te quiero amigo mio y lo haré siempre, esta vez; te esperaré en un castillo que he creado poco a poco, día tras día, muro a muro, y que nadie demolerá; ya me he preocupado en construirlo con lo que siempre tuve que hacerlo; con la verdad, mi verdad y tú verdad...

Te extraño